
PERTINENCIA CULTURAL Y EFECTIVIDAD DE LA POLÍTICA DE ATENCIÓN PRIMARIA EN SALUD EN LA REDUCCIÓN DE BARRERAS
DE ACCESO PARA COMUNIDADES INDÍGENAS DE LA SIERRA CENTRO DE ECUADOR
REVISTA POLITECNICA DE LA CIENCIA
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qué sirve una sala de parto vertical si la mujer es víctima de violencia obstétrica durante su uso?
La literatura es contundente al señalar que la falta de competencia cultural del personal de
salud es una barrera fundamental. El desconocimiento de la cosmovisión andina sobre el
proceso salud-enfermedad, la barrera idiomática del Kichwa (14) y, en su forma más extrema,
las actitudes de discriminación y maltrato (4), (15), anulan cualquier beneficio que pudiera
ofrecer la infraestructura. Esto confirma que la pertinencia cultural no puede ser un apéndice
del modelo de atención, sino su núcleo central, lo que exige una transformación de las prácticas
y, sobre todo, de las actitudes del personal.
Además, es imprescindible analizar los hallazgos desde un enfoque de interseccionalidad. Las
barreras que enfrentan las mujeres indígenas de Chimborazo no pueden ser atribuidas
únicamente a su identidad étnica. Estas se entrelazan y potencian con su condición de género
en una sociedad con rasgos patriarcales y con su situación de vulnerabilidad socioeconómica
(21). La falta de autonomía para tomar decisiones sobre su propia salud reproductiva, reportada
en estudios como el de Goicolea et al. (17), es una barrera tan significativa como la ausencia de
un traductor en el centro de salud. De igual manera, la decisión de muchas mujeres de optar por
un parto domiciliario a pesar de los riesgos no solo responde a una preferencia cultural, sino
también a un cálculo racional para evitar la violencia institucional y la discriminación que han
experimentado previamente (16).
Finalmente, la debilidad de la participación comunitaria, pilar teórico del MAIS-FCI, cierra un
círculo vicioso de exclusión. Investigaciones como la de López-Arellano y Jarillo-Soto (10) han
demostrado que los mecanismos de participación suelen ser meramente consultivos o
informativos, sin un poder real para influir en la planificación y gestión de los servicios. Mientras
la planificación siga siendo un ejercicio vertical, de arriba hacia abajo, será difícil que los
servicios de salud respondan a las necesidades sentidas por las comunidades y que estas se
apropien del sistema de salud como un espacio propio y seguro.
CONCLUSIONES
La puesta en marcha de la Atención Primaria en Salud (APS) en Ecuador, con su fuerte impronta
intercultural, marca un giro normativo y discursivo congruente con la Constitución de 2008. No
obstante, en la provincia de Chimborazo, el efecto sobre el acceso de las mujeres indígenas en
edad reproductiva se revela limitado y contradictorio. De aquí se deriva la constatación de una
dislocación radical entre la política diseñada (el “deber ser”) y su ejercicio cotidiano (el “ser”).
Los avances anotados, entre ellos la creación de salas de parto culturalmente adecuadas, son
apreciados, pero permanecen como experiencias sueltas e inarticuladas. No consiguen, por sí
solos, desarticular las barreras estructurales que, por sistema, persisten; en consecuencia,
quedan lejos de remodelar el entramado asistencial. En la realidad, la política intercultural se
exhibe más como un inventario de gestos que como un viraje en la cultura organizacional, que,
lejos de ser cuestionada, sigue fundamentada en una racionalidad biomédica, centralizada y
monocultural.