ISSN: 3091-2008
Edición Bianual:
Vol. 4 Num. 9, PP 207-231
DOI:
es mucho más importante en hombres de edad avanzada, que a su vez tienden a presentar mayor
número de enfermedades crónicas y más complicaciones durante la hospitalización (4).
La fractura de cadera no es sólo una lesión ósea, sino un evento clínico complejo con múltiples
factores biológicos, funcionales y sociales. Una cantidad considerable de pacientes, tras el
episodio traumático, sufre deterioro de la movilidad, incapacidad o pérdida de la autonomía para
realizar actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, institucionalización permanente y
en algunos casos, durante el primer año post-lesión, e incluso muerte (5). Según diversas
publicaciones recientes, la mortalidad anual se encuentra entre el 20 % y el 30 %, mientras que
menos de la mitad de los sobrevivientes alcanza un nivel funcional como mínimo igual que el
prefráctura (6).
Son importantes los factores de riesgo, a saber: osteoporosis, sarcopenia, deterioro del equilibrio,
reducción de la fuerza muscular, alteraciones visuales, enfermedades neurológicas, polifarmacia,
desnutrición y caídas de baja energía, muy a tener en cuenta como principal mecanismo causal
en la población anciana (7). De la misma manera, la diabetes mellitus, la enfermedad
cardiovascular, la enfermedad renal crónica, la demencia y la enfermedad pulmonar obstructiva
crónica son patologías que incrementan notablemente las complicaciones perioperatorias y la
recuperación funcional (8).
En los últimos años, ha cambiado el manejo de la fractura de cadera a partir del desarrollo y uso
de protocolos basados en la evidencia. El tratamiento consistía hasta hace muy poco en
solamente tratar la fractura quirúrgicamente. En la actualidad, se sostiene que los mejores
resultados clínicos se logran mediante el tratamiento multidisciplinario que llega a integrar
ortopedia, geriatría, anestesiología, rehabilitación física, enfermería asistencial, nutrición,
farmacia clínica y trabajo social (9).
Optimizar las condiciones clínicas del paciente desde el ingreso hasta la recuperación funcional y
su seguimiento ambulatorio son los pilares de este enfoque multidisciplinario, destaca la
recomendación de llevar a cabo la cirugía en las primeras 24-48 h tras el ingreso hospitalario,
siempre que las condiciones clínicas del paciente lo permitan. Existen múltiples metaanálisis que
han puesto de manifiesto que la cirugía precoz disminuye la mortalidad, reduce la incidencia de
neumonía, tromboembolismo venoso, úlceras por presión, delirium y estancia hospitalaria, así
como facilita una movilización más precoz (10). Como consecuencia, una gran parte de las guías
internacionales consideran el tratamiento quirúrgico precoz como un indicador de calidad
asistencial.
El tipo de intervención quirúrgica que se lleve a cabo depende de muchos factores; la localización
anatómica de la fractura que se va a tratar, las características del desplazamiento de la fractura,
la calidad ósea, la situación funcional previa del paciente a la fractura y la esperanza de vida del
mismo; son sólo algunos ejemplos de los motivos por los cuales se escogerá uno u otro
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