ISSN: 3091-2008  
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Vol. 4 Num. 9, PP 207-231  
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FRACTURAS DE CADERA EN ADULTOS MAYORES:  
ACTUALIZACIÓN EN EL TRATAMIENTO, REHABILITACIÓN Y  
RECUPERACIÓN FUNCIONAL BASADA EN EVIDENCIA CIENTÍFICA  
HIP FRACTURES IN OLDER ADULTS: AN UPDATE ON  
TREATMENT, REHABILITATION, AND FUNCTIONAL RECOVERY  
BASED ON SCIENTIFIC EVIDENCE  
Kelvin Hernán Yunga Carchi 1, Jessica Nicole Arellano Muquinche 2, Zully Miranda Sánchez  
Becker3, Carlos Agustín Mastarreno García4  
{kelvinyc3@gmail.com1, nickyarellano@gmail.com2, zullymiranda0514@gmail.com3, mastarrenochonero88@gmail.com4}  
Fecha de recepción: 13/07/2026  
/ Fecha de aceptación: 03/08/2026  
/ Fecha de publicación: 05/08/2026  
RESUMEN: Las fracturas de cadera representan una de las principales causas de  
morbimortalidad, discapacidad y pérdida de la independencia funcional en los adultos  
mayores, constituyendo un importante problema de salud pública asociado al envejecimiento  
poblacional y a la osteoporosis. No obstante, aún existen diferencias en la implementación de  
estrategias terapéuticas y de rehabilitación basadas en evidencia, lo que limita la recuperación  
funcional y aumenta el riesgo de complicaciones y nuevas fracturas. El objetivo de este estudio  
fue actualizar la evidencia científica sobre el tratamiento, la rehabilitación y la recuperación  
funcional en adultos mayores con fracturas de cadera. Se realizó una revisión bibliográfica  
descriptiva y analítica, siguiendo las recomendaciones PRISMA 2020, mediante la búsqueda de  
estudios publicados entre 2020 y 2025 en PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science,  
ScienceDirect y Cochrane Library. Los resultados evidenciaron que la cirugía realizada dentro  
de las primeras 2448 horas, la atención ortogeriátrica, la rehabilitación temprana, el  
tratamiento farmacológico de la osteoporosis y los programas de prevención de caídas  
constituyen las intervenciones con mayor respaldo científico para reducir la mortalidad, las  
complicaciones y favorecer la recuperación funcional. Se concluye que un abordaje integral e  
interdisciplinario mejora significativamente la funcionalidad, la calidad de vida y la prevención  
de nuevas fracturas, constituyéndose en el estándar actual para el manejo de esta patología en  
adultos mayores.  
¹
Investigador Independiente, Cuenca, Ecuador, https://orcid.org/0000-0003-1953-9551.  
2Centro de Salud Tipo C ESPOCH Lizarzaburu, Riobamba, Ecuador, https://orcid.org/ 0000-0002-5246-5016  
⁴Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM), Extensión Chone, Chone – Ecuador, https://orcid.org/0009-0009-7099-9036  
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Palabras clave: Fractura de cadera, adulto mayor, rehabilitación, recuperación funcional,  
osteoporosis, atención ortogeriátrica  
ABSTRACT: Hip fractures are one of the leading causes of morbidity, mortality, disability, and  
loss of functional independence among older adults, constituting a major public health problem  
associated with an aging population and osteoporosis. However, there are still differences in  
the implementation of evidence-based therapeutic and rehabilitation strategies, which limits  
functional recovery and increases the risk of complications and new fractures. The objective of  
this study was to update the scientific evidence on treatment, rehabilitation, and functional  
recovery in older adults with hip fractures. A descriptive and analytical literature review was  
conducted, following the PRISMA 2020 guidelines, by searching for studies published between  
2020 and 2025 in PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, ScienceDirect, and the Cochrane  
Library. The results showed that surgery performed within the first 2448 hours, orthogeriatric  
care, early rehabilitation, pharmacological treatment of osteoporosis, and fall prevention  
programs are the interventions with the strongest scientific evidence for reducing mortality and  
complications and promoting functional recovery. It is concluded that a comprehensive,  
interdisciplinary approach significantly improves functional ability, quality of life, and the  
prevention of new fractures, making it the current standard of care for managing this condition  
in older adults.  
Keywords: Hip fracture, older adult, rehabilitation, functional recovery, osteoporosis,  
orthogeriatric care  
INTRODUCCIÓN  
Las fracturas de cadera son uno de los principales problemas para la salud pública debido al  
envejecimiento poblacional, dado su alta incidencia, su importante impacto funcional, su elevado  
coste en términos económicos y su alta mortalidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS)  
ha indicado que la esperanza de vida en aumento ha incrementado la población de personas  
mayores de 65 años, así fomentando que se dé una progresiva epidemia de enfermedades  
relacionadas con la fragilidad y la osteoporosis, entre las que las fracturas de caderas son una de  
las complicaciones más severas (1).  
En la actualidad, esas lesiones se consideran como una de las principales causas de discapacidad  
permanente, pérdida de autonomía y deterioro de la calidad de vida en el anciano (2). Se estima  
que se producen, a nivel mundial, más de 1,6 millones de fracturas de cadera al año, pero las  
proyecciones epidemiológicas estiman que esta cifra puede llegar a más de 6 millones en el año  
2050, debido al envejecimiento de la población y a la prolongación de la esperanza de vida (3). La  
mayor incidencia se encuentra en mujeres posmenopáusicas, ya que la osteoporosis es la  
responsable de la pérdida acelerada de masa ósea en ese grupo y, por el contrario, la mortalidad  
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es mucho más importante en hombres de edad avanzada, que a su vez tienden a presentar mayor  
número de enfermedades crónicas y más complicaciones durante la hospitalización (4).  
La fractura de cadera no es sólo una lesión ósea, sino un evento clínico complejo con múltiples  
factores biológicos, funcionales y sociales. Una cantidad considerable de pacientes, tras el  
episodio traumático, sufre deterioro de la movilidad, incapacidad o pérdida de la autonomía para  
realizar actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, institucionalización permanente y  
en algunos casos, durante el primer año post-lesión, e incluso muerte (5). Según diversas  
publicaciones recientes, la mortalidad anual se encuentra entre el 20 % y el 30 %, mientras que  
menos de la mitad de los sobrevivientes alcanza un nivel funcional como mínimo igual que el  
prefráctura (6).  
Son importantes los factores de riesgo, a saber: osteoporosis, sarcopenia, deterioro del equilibrio,  
reducción de la fuerza muscular, alteraciones visuales, enfermedades neurológicas, polifarmacia,  
desnutrición y caídas de baja energía, muy a tener en cuenta como principal mecanismo causal  
en la población anciana (7). De la misma manera, la diabetes mellitus, la enfermedad  
cardiovascular, la enfermedad renal crónica, la demencia y la enfermedad pulmonar obstructiva  
crónica son patologías que incrementan notablemente las complicaciones perioperatorias y la  
recuperación funcional (8).  
En los últimos años, ha cambiado el manejo de la fractura de cadera a partir del desarrollo y uso  
de protocolos basados en la evidencia. El tratamiento consistía hasta hace muy poco en  
solamente tratar la fractura quirúrgicamente. En la actualidad, se sostiene que los mejores  
resultados clínicos se logran mediante el tratamiento multidisciplinario que llega a integrar  
ortopedia, geriatría, anestesiología, rehabilitación física, enfermería asistencial, nutrición,  
farmacia clínica y trabajo social (9).  
Optimizar las condiciones clínicas del paciente desde el ingreso hasta la recuperación funcional y  
su seguimiento ambulatorio son los pilares de este enfoque multidisciplinario, destaca la  
recomendación de llevar a cabo la cirugía en las primeras 24-48 h tras el ingreso hospitalario,  
siempre que las condiciones clínicas del paciente lo permitan. Existen múltiples metaanálisis que  
han puesto de manifiesto que la cirugía precoz disminuye la mortalidad, reduce la incidencia de  
neumonía, tromboembolismo venoso, úlceras por presión, delirium y estancia hospitalaria, así  
como facilita una movilización más precoz (10). Como consecuencia, una gran parte de las guías  
internacionales consideran el tratamiento quirúrgico precoz como un indicador de calidad  
asistencial.  
El tipo de intervención quirúrgica que se lleve a cabo depende de muchos factores; la localización  
anatómica de la fractura que se va a tratar, las características del desplazamiento de la fractura,  
la calidad ósea, la situación funcional previa del paciente a la fractura y la esperanza de vida del  
mismo; son sólo algunos ejemplos de los motivos por los cuales se escogerá uno u otro  
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procedimiento. Las distintas alternativas de tratamiento que se utilizan actualmente en la clínica  
son la osteosíntesis mediante tornillos canulados, clavos cefalomedulares, placas de  
deslizamiento y diferentes tipos de artroplastia parcial o artroplastia total que deben  
individualizarse según la clínica del caso en particular (11).  
La cirugía solamente se convierte en el primer componente del proceso de tratamiento. La  
evidencia científica nos dice que para que exista recuperación funcional, es necesario que se inicie  
de forma precoz la rehabilitación integral. Los programas de fisioterapia que inician en las  
primeras 24 horas tras la cirugía ahondan en la recuperación de la marcha, en la recuperación en  
fuerza muscular, en la disminución del grado de independencia funcional y en la baja del riesgo  
de complicaciones derivadas de la inactividad por el tipo de intervención (12). La movilización  
precoz también sirve para evitar trombosis venosa profunda, infecciones respiratorias, pérdida  
acelerada de masa muscular y deterioro funcional.  
Otro aspecto que ha cobrado especial protagonismo es la implementación de modelos de  
atención ortogeriátrica. Estos programas fomentan que la evaluación geriátrica integral tenga  
lugar desde la admisión al hospital y permite detectar precozmente problemas nutricionales,  
deterioro cognitivo, fragilidad, riesgo de delirium, alteraciones con los fármacos y necesidades  
sociales que pueden determinar el pronóstico del paciente (13). Las investigaciones publicadas  
durante los últimos 5 años han corroborado que estos modelos disminuyen la mortalidad,  
reducen las complicaciones intrahospitalarias y mejoran de forma ostensible la recuperación  
funcional.  
Paralelamente, el tratamiento farmacológico de la osteoporosis ha adquirido un papel primordial  
en la prevención secundaria. A pesar de que una fractura por fragilidad es un poderoso predictor  
de recibir nuevas fracturas, muchos pacientes no reciben el tratamiento antiosteoporótico tras el  
alta del hospital. La evidencia reciente ha mostrado que los bisfosfonatos, el denosumab, la  
teriparatida y el romosozumab suelen utilizarse en combinación con el calcio y la vitamina D, si  
estos son adecuados para reducir el riesgo de la aparición de nuevas fracturas y mejorar la salud  
ósea a largo plazo (14).  
Las estrategias para evitar caídas y las medidas preventivas deben ser un aspecto básico del  
manejo integral de estas fracturas. La combinación de ejercicios funcionales de equilibrio y  
fortalecimiento, la eliminación de las alteraciones visuales, la monitorización de fármacos  
potencialmente inapropiados, la adaptación del hogar, la educación del paciente y las personas  
que lo apoyan han mostrado reducir el riesgo de sufrir nuevas fracturas y favorecer un  
envejecimiento seguro.  
A pesar de estar en un momento de importante progreso terapéutico, hay retos relacionados con  
la variabilidad en su atención, las diferencias en las listas de espera para la cirugía, el acceso a  
programas específicos de rehabilitación y la escasa implementación de los modelos  
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ortogeriátricos existentes en muchos sistemas de atención sanitaria. Estas limitaciones son las  
que explican la necesidad de actualizar permanentemente la evidencia científica existente para  
abordar las férreas que regulan su práctica clínica y los resultados funcionales de estas personas.  
Así pues, el propósito de este trabajo fue actualizar la evidencia científica sobre el tratamiento, la  
rehabilitación y la recuperación funcional en adultos mayores con fracturas de cadera, haciendo  
hincapié en aquellas intervenciones con mayor nivel de evidencia científica y que tuviesen  
repercusiones sobre mortalidad, complicaciones clínicas, funcionalidad y calidad de vida.  
MATERIALES Y MÉTODOS  
Diseño del estudio  
Se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica de tipo narrativa, de enfoque descriptivo y analítico,  
orientada a resumir la evidencia científica más actualizada relativa al tratamiento, la  
rehabilitación y la recuperación funcional en las personas mayores con fracturas de cadera. La  
elaboración del manuscrito siguió las guías de la declaración PRISMA 2020 para la garantía de la  
transparencia en la identificación, la selección, la evaluación y la síntesis de la literatura científica  
disponible, adaptándolas al diseño narrativo de la presente revisión.  
Estrategia de búsqueda bibliográfica  
El proceso de búsqueda bibliográfica se realizó de enero a junio del 2026 mediante la consulta  
sistemática de las principales bases de datos biomédicas internacionales: Pubmed/MEDLINE,  
Scopus, Web of Science, ScienceDirect y Cochrane Library, pues son fuentes de amplísima  
cobertura de la literatura científica revisada y cuentan con reconocimiento internacional en el  
medio de las ciencias de la salud.Se utilizaron los términos controlados Medical Subject Headings  
(MeSH) y Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS) en combinación mediante operadores  
booleanos (AND y OR). La estrategia principal de búsqueda es la siguiente:  
("Hip Fractures" OR "Femoral Neck Fractures") AND ("Aged" OR "Older Adults") AND  
("Treatment" OR "Surgery") AND ("Rehabilitation") AND ("Functional Recovery").  
También se hicieron búsquedas equivalentes en español a partir de los términos: "fractura  
cadera", "adulto mayor", "tratamiento quirúrgico", "rehabilitación" y "recuperación funcional"  
con la finalidad de localizar estudios relevantes publicados en revistas iberoamericanas  
indexadas.  
Criterios de inclusión  
Se incluyeron estudios que cumplieron con los siguientes criterios:  
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Estudios publicados entre enero de 2020 y diciembre de 2025.  
Artículos originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos aleatorizados,  
estudios de cohorte, estudios multicéntricos y guías internacionales de práctica clínica.  
Estudios realizados en pacientes con edad igual o superior a 60 años diagnosticados con  
fractura de cadera.  
Todos los estudios que analicen el tratamiento quirúrgico, la rehabilitación física, el cuidado  
ortogeriátrico, la recuperación funcional, las complicaciones clínicas o la prevención  
secundaria. Artículos publicados en inglés o español.  
Las publicaciones tienen que tener texto completo.  
Criterios de Exclusión  
Se excluyeron los siguientes tipos:  
Reportes de caso o series clínicas con clínicas de menos de diez pacientes.  
Cartas al editor, editoriales, resúmenes de congresos y consenso de expertos sin  
metodología explícita.  
Estudios realizados en exclusivamente con población pediátrica o adultos jóvenes.  
Publicaciones duplicadas entre las diferentes bases.  
Publicaciones que, evaluadas, tengan una calidad metodológica insuficiente para responder  
al objetivo de la revisión.  
Selección de estudios  
La selección de la evidencia se desarrolló en cuatro fases. En primer lugar, se identificaron los  
registros mediante búsqueda electrónica., en segundo lugar, se eliminaron los documentos  
duplicados, en tercer lugar, revisamos títulos y resúmenes a fin de determinar su pertinencia en  
función del objetivo del estudio. Por último, se llevó a cabo una lectura completa de los artículos  
recuperados que eran potencialmente elegibles para hacer una lectura completa y verificar el  
cumplimiento de los criterios de inclusión y exclusión de la investigación.  
Igualmente, se revisaron las listas de referencias bibliográficas de las guías clínicas y de las  
revisiones sistemáticas para identificar estudios de investigación que no se hubiesen recuperado  
en la búsqueda de literatura electrónica inicial.  
Extracción y organización de la información  
Se registró la información siguiente de cada publicación seleccionada:  
Autor y año de la publicación.  
País en el que se llevó a cabo la investigación.  
Diseño metodológico.  
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Tamaño de la muestra.  
Tipo de fractura evaluada.  
Intervención realizada.  
Variables clínicas evaluadas.  
Principales resultados.  
Conclusiones.  
La información se organizó en matrices de extracción realizadas con Microsoft Excel, para llevar  
a cabo una comparación sistemática entre los hallazgos en los diferentes estudios.  
Evaluación metodológica  
La calidad metodológica de los estudios incluidos fue tenida en cuenta durante el análisis por  
medio de la revisión crítica de elementos como: el diseño de investigación, tamaño muestral,  
riesgo de sesgo, claridad de qué se ha descrito como metodología y consistencia de los resultados  
obtenidos. Se otorgo más peso a las revisiones sistemáticas, a los metaanálisis, a los ensayos  
clínicos y a las guías internacionales, dado su mayor nivel de evidencia científica.  
Síntesis de la evidencia  
Los resultados fueron organizados a través del análisis temático, considerando los hallazgos de  
los estudios incluidos en seis categorías principales:  
1.  
2.  
3.  
4.  
5.  
6.  
Epidemiología y factores de riesgo.  
Tratamiento quirúrgico actual.  
Modelos ortogeriátricos de atención.  
Rehabilitación temprana.  
Recuperación funcional.  
Prevención de nuevas fracturas.  
La síntesis fue organizada mediante tablas comparativas, figuras de elaboración propia y gráficos  
descriptivos que permitieron la comparación de los diferentes estudios incluidos.  
Consideraciones éticas  
Al ser una revisión bibliográfica basada exclusivamente en documentos científicos ya publicados  
no fue considerada necesaria la aprobación por parte de un comité de ética ni la obtención del  
consentimiento informado. Sin embargo, durante todo el proceso se respetaron los principios de  
integridad científica, transparencia en el proceso de elaboración y debida citación de las fuentes  
consultadas, evitando cualquier tipo de plagio y garantizando el reconocimiento de los autores  
que han sido considerados originales.  
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RESULTADOS  
Características generales de los estudios incluidos  
La búsqueda bibliográfica logró detectar estudios que se habían publicado entre los años 2020 y  
2025, que estaban relacionados con el tratamiento, la rehabilitación y la recuperación funcional  
de adultos mayores con fracturas de cadera. Realizada la aplicación de los criterios de inclusión y  
de exclusión, se seleccionaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos aleatorios,  
estudios de cohortes y guías de práctica clínica, todas ellas con una alta calidad metodológica. La  
evidencia recuperada en su mayoría provenía de Europa, de Norteamérica y de Asia, áreas éstas  
en donde las fracturas de cadera son una de las principales causas de hospitalización y de  
discapacidad en la población geriátrica.  
Los estudios coincidían en que el manejo actual de la fractura de cadera debía basarse en un  
enfoque multidisciplinario que combinase cirugía precoz, atención ortogeriátrica, rehabilitación  
precoz, optimización nutricional, prevención de complicaciones y tratamiento de la osteoporosis.  
Este modelo integral significó obtener mejores resultados clínicos que el tratamiento  
convencional que priorizaba únicamente la intervención quirúrgica.  
Tabla 1. Principales revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados entre 2021 y 2024.  
Autor  
Año  
Diseño  
Muestra  
Principales hallazgos  
(15)  
2023  
Revisión  
37 estudios (37 La atención ortogeriátrica redujo la mortalidad  
sistemática  
metaanálisis  
y
y
294 pacientes)  
13 estudios  
intrahospitalaria, la mortalidad al año, el  
delirium y la estancia hospitalaria.  
(16)  
2022  
Revisión  
sistemática  
La movilización dentro de las primeras 24 horas  
se asoció con menor mortalidad, menor  
metaanálisis  
incidencia  
de  
complicaciones  
y
mejor  
recuperación funcional.  
(17)  
(18)  
2021  
2024  
Revisión  
sistemática  
metaanálisis  
21  
ensayos Los programas de ejercicio domiciliario  
y
y
clínicos (2 470 mejoraron el equilibrio, la fuerza muscular y la  
pacientes)  
calidad de vida tras la cirugía.  
Revisión  
sistemática  
metaanálisis  
18 estudios  
La rehabilitación basada en entrenamiento del  
equilibrio mejoró significativamente la función  
de la cadera y la independencia funcional.  
Tratamiento quirúrgico  
Los estudios analizados mostraron un gran grado de aceptación a favor de que la cirugía sigue  
siendo el tratamiento de elección de la mayoría de las fracturas en cadera en ancianos. La cirugía  
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temprana, preferiblemente dentro de las primeras 24-48 horas a partir del ingreso hospitalario,  
se relaciona con una reducción importante de la mortalidad, menor frecuencia de neumonía y de  
tromboembolismo venoso, menor aparición de úlceras por presión y delirium, con una  
movilización más precoz y una estancia hospitalaria más corta.  
La técnica quirúrgica escogida depende del tipo de fractura, de la estabilidad del trazo, de la  
calidad ósea y del estado funcional previo. Las fracturas intracapsulares desplazadas fueron  
tratadas, principalmente, mediante hemiartroplastia u artroplastia total de cadera mientras que  
las fracturas intertrocantéricas o subtrocantéricas se resolvieron con osteosíntesis mediante  
clavos cefalomedulares o con sistemas de placa-tornillo deslizante. Las guías internacionales  
resaltaron que la individualización del tratamiento mejora los resultados funcionales y disminuye  
la necesidad de reintervenciones.  
Atención ortogeriátrica  
Uno de los hallazgos que se mostró más robusto fue el beneficio de los modelos ortogeriátricos  
de atención. La combinación de traumatología, geriatría, rehabilitación, enfermería, nutrición y  
farmacia clínica llevó a la optimización del manejo perioperatorio de los pacientes con múltiples  
comorbilidades y alto grado de fragilidad.  
El metaanálisis de (15), asumido en esta revisión demuestra que la atención ortogeriátrica  
disminuyó la duración de la estancia hospitalaria hospitalaria, la mortalidad intrahospitalaria y la  
mortalidad al año, así como disminuir la incidencia de delirio. Los autores notan que dicha mejora  
es más pronunciada si el geriatra está implicado activamente en la toma de decisiones clínicas  
desde el ingreso hasta el alta hospitalaria.  
Rehabilitación funcional temprana  
La rehabilitación temprana fue una de las intervenciones con gran nivel de evidencia científica.  
Los diferentes estudios coincidieron en que la movilidad en las primeras 24 horas postquirúrgicas  
ayuda a recuperar la funcionalidad y disminuye las complicaciones de mantener el reposo durante  
tiempo prolongado.  
En el metaanálisis (17), de 21 ensayos clínicos en 2 470 pacientes, se demostró que los programas  
de ejercicios de casa son útiles para mejorar la funcionalidad del equilibrio (Berg balance scale),  
la fuerza de los músculos extensores de la rodilla y la calidad de vida relacionada con la salud, sin  
incrementar las caídas o las re-hospitalizaciones.  
De forma similar (18), encontraron que los programas de rehabilitación desde el entrenamiento  
del equilibrio mejoraron la funcionalidad de la cadera, la coordinación motora o la capacidad de  
realizar las actividades básicas de la vida diaria, lo que apoya la implementación sistemática de  
estas estrategias dentro de los protocolos de rehabilitación geriátrica.  
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Complicaciones clínicas posteriores a la fractura de cadera  
Los diferentes trabajos publicados en los últimos cinco años mostraron que las complicaciones  
médicas son uno de los principales factores pronósticos tras la fractura de cadera en personas  
mayores. La alta prevalencia de fragilidad, enfermedades crónicas, deterioro cognitivo y  
desnutrición suponían una mayor predisposición para desarrollar eventos adversos durante el  
ingreso hospitalario y el periodo de convalecencia. Las complicaciones más comunes en este  
grupo etáreo fueron, según los estudios revisados, principalmente: delirium, infecciones  
respiratorias, infecciones del tracto urinario, tromboembolia venosa, úlceras por presión,  
insuficiencia cardíaca descompensada y pérdida acelerada de masa muscular (sarcopenia).  
El metaanálisis de (15), incluyó 37 artículos y 37 294 participantes reconoció que los modelos de  
atención  
ortogeriátrica  
obtuvieron  
una  
disminución  
significativa  
en  
la  
mortalidad  
intrahospitalaria (28%), mortalidad a un año (14%) y la incidencia de delirium (19%) en  
comparación con la atención convencional, así como una reducción en la estancia hospitalaria de  
aproximadamente 1,55 días, generando un alta más precoz sin un incremento paralelo en la tasa  
de reingresos.  
La desnutrición se identificó como otro importante marcador pronóstico. La revisión sistemática  
y metaanálisis concluyó que las personas con malnutrición presentaron un mayor riesgo de  
mortalidad, infecciones, estancia hospitalaria prolongada y peor recuperación funcional, así como  
menor capacidad para recuperar marcha independiente y mayor riesgo de institucionalización  
permanente.  
Tabla 2. Principales complicaciones asociadas con fractura de cadera en adultos mayores.  
Complicación  
Delirium posoperatorio  
Neumonía  
Impacto clínico  
Evidencia  
reciente  
Mayor mortalidad, deterioro cognitivo y prolongación de la  
hospitalización  
(19)  
Incremento de la mortalidad y estancia hospitalaria  
Mayor riesgo de eventos cardiovasculares  
(20)  
(21)  
Tromboembolismo  
venoso  
Infección urinaria  
Sarcopenia  
Retraso en la rehabilitación  
(22)  
(23)  
Menor recuperación funcional  
Mayor mortalidad y discapacidad  
Desnutrición  
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Recuperación funcional  
Un claro indicador del éxito de la terapia aplicada fue la recuperación de la capacidad funcional  
anterior a la fractura, sin embargo, se observó que entre el 40 % y el 60 % de los ancianos  
recuperaron completamente el nivel funcional anterior a la fractura y una buena proporción de  
ellos mantuvieron algún tipo de dependencia para llevar a cabo actividades de la vida diaria.  
La recuperación funcional, como es obvio, depende de múltiples factores, los cuales podemos  
resumir en:  
Edad avanzada  
Estado funcional previo  
Deterioro cognitivo  
Fragilidad  
Comorbilidades  
Estado nutricional  
Inicio precoz de la rehabilitación  
Apoyo familiar  
Acceso a programas especializados  
Los estudios (24,25), mostraron que los pacientes que empezaron la movilización en las primeras  
24 horas siguientes a la cirugía recuperaron más rápidamente la marcha independiente y  
presentaron menos complicaciones relacionadas con el reposo prolongado. Además, observaron  
que el inicio temprano de fisioterapia reducían el riesgo de trombosis venosa profunda, neumonía  
y pérdida de masa muscular.  
El metaanálisis de (17), que evaluó 21 ensayos clínicos aleatorizados (2 470 pacientes), mostró  
que los programas de ejercicios domiciliarios mejoraron significativamente el equilibrio, la fuerza  
de extensores de rodilla, la velocidad de la marcha, la puntuación física del SF-36 y el desempeño  
funcional, sin aumentar el riesgo de sufrir caídas ni de reingresos hospitalarios.  
Por su lado (27), demostraron que los programas de rehabilitación en los que se ponía el foco en  
el entrenamiento del equilibrio mejoraban significativamente las puntuaciones definitivas en la  
Berg Balance Scale (BBS), la Functional Independence Measure (FIM), la Harris Hip Score y la  
Activity Measure for Post-Acute Care (AM-PAC), lo que refleja una mejor recuperación funcional  
e independencia para las actividades de la vida diaria.  
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Relevancia de la movilización precoz  
La movilización precoz fue una de las intervenciones con más respaldo científico encontrado en  
esta revisión. La evidencia disponible demostró que los pacientes que se movilizaron durante las  
primeras 24 horas tras la cirugía obtuvieron: menor mortalidad; menor estancia media en el  
ingreso hospitalario; menor incidencia de neumonía; menor incidencia de trombosis venosa  
profunda; menor incidencia de úlceras por presión; mejor recuperación funcional; una  
recuperación más rápida de la marcha.  
El metaanálisis realizado por Agarwal et al. corroboró que cada retraso en el inicio de la  
movilización estuvo relacionado con un peor resultado clínico, de manera que sus autores  
recomendaron implementar la movilización precoz como un plan estándar en el manejo de las  
fracturas de cadera.  
Tratamiento farmacológico de la osteoporosis y prevención secundaria de nuevas fracturas  
Otro de los hallazgos más importantes encontrados en la actual revisión acerca de la patología es  
que la fractura de cadera se comporta como un marcador de riesgo inminente de sufrir  
posteriormente una nueva fractura por fragilidad, en especial durante los dos primeros años tras  
la primera fractura que el paciente sufre. Con todo, diversos estudios también han mostrado que  
una parte importante de los pacientes permanecen sin tratamiento farmacológico específico para  
la osteoporosis los días posteriores al alta hospitalaria, es decir, de entre dos semanas y un mes  
tras la primera fractura, lo que hace que el riesgo posterior de refracturas, discapacidad y  
mortalidad sea significativamente elevado.  
Entre los programas más prometedores que se han ejecutado para mejorar la detección de  
pacientes con alto riesgo de nuevos episodios de fractura, mejorar la adherencia terapéutica y  
disminuir la incidencia de nuevas fracturas, se ha constatado la ejecución de programas de  
Fracture Liaison Service (FLS).En lo que respecta al tratamiento farmacológico, la alternativa con  
bisfosfonatos (alendronato, risedronato y ácido zoledrónico) seguía siendo considerada la  
primera opción de tratamiento en la mayoría de los pacientes con osteoporosis y con antecedente  
de fractura de cadera por su eficacia, seguridad y relación costo/beneficio. Sin embargo, en  
aquellos pacientes con extremadamente alto riesgo de fractura, las guías clínicas más recientes  
han propuesto iniciar el tratamiento con agentes osteoanabólicos como la teriparatida o el  
romosozumab y después un fármaco antirresortivo que mantenga la ganancia de masa ósea. Este  
tratamiento secuencial mostró mayor reducción del riesgo de fracturas vertebrales, no  
vertebrales y de cadera con respecto al uso inicial de bisfosfonatos.  
La red de metaanálisis publicada en The BMJ analizó 69 ensayos clínicos aleatorizados con más  
de 80 000 pacientes, de los que se concluyó que los agonistas del receptor de la hormona  
paratiroidea y el romosozumab fueron más eficaces que los bisfosfonatos y el denosumab en la  
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reducción de las fracturas clínicas. De este modo, el romosozumab fue más eficaz que los  
bisfosfonatos orales, en particular cuando seguido de un tratamiento antirresortivo, en la  
reducción de las fracturas de cadera y vertebrales.  
Las guías clínicas del Reino Unido publicadas en 2024 apuntalaron estos hallazgos con  
recomendaciones para el uso del ácido zoledrónico intravenoso como tratamiento de primera  
línea tras una fractura de cadera, dada la elevada evidencia de reducción de nuevas fracturas y  
mortalidad y también para el tratamiento con denosumab con un adecuado planeamiento del  
tratamiento. Y es que, la suspensión de denosumab sin seguimiento con tratamiento preventivo  
da lugar a la rápida pérdida de densidad mineral ósea y la aparición de un alto riesgo de fracturas  
vertebrales múltiples (28).  
Tabla 3. Comparación de los principales tratamientos farmacológicos para la prevención secundaria de fracturas.  
Fármaco  
Mecanismo de acción  
Beneficios principales  
Consideraciones clínicas  
Alendronato  
Antirresortivo  
(bisfosfonato)  
Reduce fracturas vertebrales,  
no vertebrales y de cadera  
Primera línea en pacientes de alto  
riesgo.  
Ácido  
zoledrónico  
Bisfosfonato  
intravenoso  
Disminuye nuevas fracturas y  
mortalidad tras fractura de  
cadera  
Recomendado como primera  
opción después de fractura de  
cadera.  
Denosumab  
Teriparatida  
Romosozumab  
Anticuerpo  
monoclonal anti-  
RANKL  
Incrementa la densidad mineral No suspender sin tratamiento de  
ósea y reduce fracturas  
transición.  
Osteoanabólico  
Favorece la formación ósea y  
acelera la recuperación del  
tejido óseo  
Indicada en pacientes con muy  
alto riesgo de fractura.  
Anticuerpo anti-  
esclerostina con  
acción dual  
Mayor reducción de fracturas  
vertebrales y de cadera; rápida  
ganancia de masa ósea  
Uso limitado a 12 meses;  
posteriormente continuar con  
tratamiento antirresortivo.  
Los factores relacionados con la recuperación funcional  
La recuperación funcional tras una fractura de cadera se presentó como un proceso multifactorial  
que fue influido por diferentes variables clínicas, funcionales, nutricionales y sociales. Las  
investigaciones seleccionadas revelaron que la edad avanzada, el ser hombre, la fragilidad, la  
presencia de demencia, la sarcopenia, la desnutrición, las enfermedades cardiovasculares y el  
retraso quirúrgico se asociaron a peores resultados funcionales y a un incremento de la  
mortalidad.  
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Por otro lado, la cirugía precoz, la movilización precoz, un soporte nutricional adecuado y la  
atención ortogeriátrica favorecieron una mejor recuperación de la marcha y una mayor  
independencia en la realización de las actividades cotidianas.  
La revisión sistemática sobre movilización precoz mostró que la deambulación iniciada dentro de  
las primeras 24 h tras la cirugía, reducía significativamente la mortalidad hospitalaria y la tasa de  
complicaciones médicas, así como la duración de la estancia hospitalaria. Estas ventajas son,  
además, independientes de la edad y del tipo de procedimiento quirúrgico realizado.  
Asimismo, los programas de ejercicio de supervisión domiciliaria adecuadamente dirigidos  
conseguían modificar la velocidad de la marcha, la fuerza de los músculos, el equilibrio dinámico  
y la calidad de vida, manteniendo los beneficios en el tiempo, durante el seguimiento a medio  
plazo. Así, el entrenamiento de fuerza, equilibrio y resistencia producía mejores resultados que  
los programas de fisioterapia convencional.  
Tabla 4. Factores que influyen en la recuperación funcional tras una fractura de cadera.  
Factor  
Cirugía en <48 horas  
Influencia sobre la recuperación  
Favorece una recuperación funcional más rápida y reduce la  
mortalidad.  
Atención ortogeriátrica  
Disminuye delirium, complicaciones y estancia hospitalaria.  
Mejora la marcha, el equilibrio y la independencia funcional.  
Rehabilitación iniciada en las primeras 24  
horas  
Adecuado estado nutricional  
Tratamiento de la osteoporosis  
Prevención de caídas  
Reduce infecciones y favorece la recuperación muscular.  
Disminuye el riesgo de nuevas fracturas por fragilidad.  
Reduce las refracturas y preserva la funcionalidad a largo plazo.  
Análisis comparativo de los modelos de atención ortogeriátricos  
Estudiar la literatura sobre la organización del modelo de atención ha mostrado que los modelos  
influencian directamente la evolución clínica y funcional de los ancianos con fractura de cadera.  
Las comparaciones entre las modalidades de atención ortogeriátrica revisadas en la literatura,  
identificaron tres modalidades de atención: i) atención ortopédica convencional con  
interconsulta geriátrica ocasional; ii) atención ortopédica convencional con consulta geriátrica  
diaria; iii) modelo ortogeriátrico integrado, que se caracteriza por la codeterminación entre  
traumatología y geriatría a lo largo de todo el ingreso hasta el alta hospitalaria.  
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Un estudio prospectivo desarrollado por (28), que compara un modelo ortogeriátrico integrado  
con un modelo de interconsulta geriátrica convencional en 516 pacientes, muestra que el modelo  
ortogeriátrico integrado empíricamente presenta mejores indicadores de calidad del cuidado. Así,  
los pacientes cuidados en un modelo ortogeriátrico integrado recibieron más frecuentemente  
bloqueo nervioso preoperatorio, movilización dentro del primer día postoperatorio, retirada  
precoz del catéter urinario y evaluación para el tratamiento antiosteoporótico. No existiendo  
diferencias para la mortalidad, el modelo ortogeriátrico integrado presenta una mejor adherencia  
a los estándares de atención y mejores resultados de recuperación funcional.  
Una revisión sistemática concluía que los programas ortogeriátricos multidisciplinarios son el tipo  
de intervención más frecuente y que también presentaba una respuesta más consistente a  
mejorar los resultados clínicos. Así, la coordinación de traumatólogos, geriatras, fisioterapeutas,  
enfermería  
especializada,  
nutricionistas  
y
farmacéuticos  
optimizaba  
la  
preparación  
preoperatoria, ayudaba a disminuir las complicaciones médicas y favorecía la rehabilitación  
precoz.  
A su vez, un consenso (29) internacional identificó 48 elementos necesarios y 60 óptimos para la  
implementación de las unidades ortogeriátricas. Así, la valoración geriátrica integral, la cirugía a  
tiempo, la prevención de delirium, la rehabilitación precoz o la prevención secundaria de las  
fracturas son considerados como componentes básicos para la atención médica moderna.  
Tabla 5. Comparación de los principales modelos asistenciales.  
Modelo de  
atención  
Características  
Principales resultados reportados  
Atención  
ortopédica  
convencional  
Manejo dirigido por traumatología  
con interconsulta geriátrica  
ocasional  
Mayor variabilidad en la atención, retraso en  
la rehabilitación y menor adherencia a  
protocolos preventivos.  
Consulta  
geriátrica diaria  
Valoración geriátrica periódica sin  
corresponsabilidad clínica  
Mejor control de comorbilidades, aunque  
con menor integración del equipo  
multidisciplinario.  
Modelo  
ortogeriátrico  
integrado  
Responsabilidad compartida entre  
traumatología y geriatría,  
rehabilitación y seguimiento  
interdisciplinario  
Mayor movilización precoz, mejor prevención  
de complicaciones, mayor indicación de  
tratamiento antiosteoporótico y mejor  
cumplimiento de indicadores de calidad.  
Recuperación de la movilidad y la independencia funcional  
La recuperación de movilidad fue uno de los resultados más valorados en los estudios incluidos.  
Los estudios revisados concordaron en que la recuperación funcional no se asocia únicamente a  
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la técnica quirúrgica utilizada, sino que también lo hace la interacción de diferentes factores  
clínicos y organizativos.  
Los programas de rehabilitación iniciados durante las primeras 24 horas tras la cirugía  
favorecieron la recuperación más rápida de la marcha, incrementaron la independencia para  
actividades básicas de la vida diaria y redujeron la estancia en instituciones de cuidados de larga  
duración. Estos beneficios eran especialmente evidentes cuando la rehabilitación incluía  
ejercicios de fortalecimiento progresivo, entrenamiento del equilibrio, reeducación de la marcha  
y seguimiento domiciliario tras el alta.  
Diferentes estudios también hallaron factores relacionados con una recuperación funcional  
menos favorable como:  
Más de 85 años de edad  
Fragilidad severa  
Deterioro cognitivo  
Demencia  
Malnutrición  
Sarcopenia  
Demora en la cirugía más de 48 horas  
Inmovilización a largo plazo  
Ausencia de programas estructurados de rehabilitación  
Por el contrario, los pacientes que contaban con un buen estado funcional previo, con un buen  
soporte familiar y que contaban con un acceso temprano a programas multidisciplinares  
presentaban mayor probabilidad de recuperación de la deambulación independiente en los seis  
meses posteriores a la cirugía.  
Integración de la evidencia científica  
La síntesis de la literatura evidenció un alto grado de coincidencia entre las revisiones  
sistemáticas, metaanálisis y guías internacionales. Independientemente del país o del diseño  
metodológico, la mayoría de los estudios avaló el modelo asistencial sobre el que se hicieron eco  
cinco componentes claves:  
Cirugía en las 2448 horas tras la fractura  
Siempre que el estado del paciente así lo permita  
Atención ortogeriátrica integrada  
Movilización y rehabilitación el primer día después de la operación  
Tratamiento farmacológico de la osteoporosis y suplementación tan pronto como se indica  
Programas de prevención de caídas y de nuevas fracturas  
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Los estudios también coincidieron en que la ejecución conjunta de estas intervenciones daba  
lugar a una muerte menos frecuente, así como a una disminución de las complicaciones médicas,  
de la estancia y una mejora de la recuperación funcional. La atención interdisciplinaria fue el único  
elemento factible en los modelos de atención con mejores resultados, consolidándose como el  
estándar recomendado para el tratamiento de los ancianos con fractura de cadera.  
DISCUSIÓN  
Los resultados obtenidos en la presente revisión bibliográfica permitieron observar que el manejo  
integral de las fracturas de cadera en la población de adultos mayores ha cambiado y progresado  
sumamente en los últimos años, dejando atrás el concepto de manejo que se centraba  
meramente en la intervención quirúrgica y pasándose a un modelo multidisciplinario que integra  
cirugía temprana, atención ortogeriátrica, rehabilitación precoz, tratamiento de la osteoporosis,  
prevención secundaria, etc. En conjunto, la evidencia analizada demuestra cómo estas  
intervenciones mejoran la recuperación funcional, las complicaciones intrahospitalarias y la  
mortalidad, apoyando la lectura de las principales guías y la evidencia actual (revisiones  
sistemáticas) que confirman que el manejo integral constituye en la actualidad el estándar del  
manejo en esta población.  
Uno de los principales hallazgos encontrados en esta revisión fue que la cirugía realizada dentro  
de las primeras 24 a 48 horas tras el ingreso al hospital se relacionaba con menor mortalidad, una  
menor cantidad de complicaciones médicas y una recuperación funcional más rápida. Este  
resultado coincide con el metaanálisis de (30), quienes mostraron que la movilización y el  
tratamiento quirúrgico en fase inicial disminuyen las tasas de mortalidad hospitalaria, de  
neumonía, de tromboembolia venosa y de estancia hospitalaria. Los autores concluyeron que el  
retraso quirúrgico aumenta progresivamente el riesgo de eventos adversos, sobre todo en  
pacientes con fragilidad y diversas comorbilidades. Del mismo modo, la guía de práctica clínica de  
la American Academy of Orthopaedic Surgeons (AAOS) sugiere llevar a cabo la cirugía tan pronto  
como la condición clínica del paciente lo permita dado que existe evidencia de alta calidad  
indicando que los desenlaces clínicos son más favorables cuando el tiempo entre el ingreso y la  
intervención es menor a 48 horas.  
Los hallazgos también revelaron que la atención ortogeriátrica integrada es uno de los factores  
que mayor impacto ejerce sobre la evolución del paciente. En esta revisión se constató que los  
modelos que incorporaban un enfoque multidisciplinar se traducían en menor mortalidad, menor  
delirium, menor estancia hospitalaria y una recuperación funcional más rápida. Estos resultados  
son concordantes con el metaanálisis de (15) que ha analizado 37 estudios que sumaron más de  
37.000 pacientes y que halló reducciones significativas de la mortalidad intrahospitalaria y de la  
mortalidad a un año, al igual que lo constataron (31) revelaron que los modelos ortogeriátricos  
integrados incrementan el cumplimiento de los indicadores de calidad asistencial, en primer lugar  
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la movilización precoz, asimismo la valoración geriátrica integral y el tratamiento  
antiosteoporótico iniciado antes del alta hospitalaria. La coincidencia entre estos estudios apoya  
la evidencia que sostiene a la coordinación interdisciplinar como una de las variables que  
determina el éxito terapéutico.  
Otro hallazgo importante que se detectó fue la rehabilitación iniciada en las primeras 24 horas  
posteriores a la cirugía: los estudios incluidos en esta revisión evidenciaron que los pacientes que  
se seguían un programa de movilización precoz recuperaron más rápidamente la capacidad para  
la deambulación, presentaron menor pérdida de fuerza muscular y alcanzaron mayores niveles  
de independencia funcional. Estos resultados son concordantes con la revisión sistemática de (18)  
quienes emitieron el hecho de que los programas de ejercicio domiciliario estructurados  
mejoraron mejor el equilibrio, la velocidad de la marcha, la fuerza de los miembros inferiores y la  
calidad de vida, igualmente (17), quienes concluyeron que el entrenamiento específico del  
equilibrio ayudó a aumentar las puntuaciones en la Berg Balance Scale y en la Functional  
Independence Measure, en este caso la recuperación funcional fue más importante a favor del  
entrenamiento de equilibrio respecto a la rehabilitación convencional. La similitud entre los  
resultados obtenidos con los de otros autores confirmando que la rehabilitación precoz es una  
intervención necesaria en el tratamiento global de las fracturas de cadera.  
En cuanto a las complicaciones clínicas en los pacientes, la actualidad revisada nos reveló que el  
delirium, las infecciones respiratorias, la tromboembolia venosa (TEV), las infecciones urinarias y  
las desnutriciones fueron las complicaciones más frecuentes para el periodo posoperatorio,  
resultados que coinciden con lo que reportan (16), quienes afirman que la puesta en marcha de  
unidades ortogeriátricas disminuye de manera notable la incidencia de delirium mediante líneas  
de actuación específicas para la prevención, la movilización precoz, la optimización  
farmacológica, etc. En la misma línea, (32) evidencian que la desnutrición es un predictor  
independiente de mortalidad, de duración del ingreso y de recuperación funcional. La  
concordancia alcanzada indica que los controles nutricionales y la prevención de complicaciones  
médicas son elementos que deben ser parte de la atención integral desde el momento del ingreso  
al hospital.  
Otro aspecto importante también recogido en los resultados finales fue el tratamiento  
farmacológico de la osteoporosis como estrategia de prevención secundaria. La revisión evidenció  
que los bisfosfonatos continúan siendo la primera línea de tratamiento en la mayoría de los  
pacientes, en tanto que los productos romosozumab y teriparatida aportan mayores beneficios  
en poblaciones con un riesgo muy alto, a corto plazo, de nuevas fracturas. Los hallazgos son  
congruentes con la revisión de red efectuada en The BMJ, pues los autores compararon distintos  
tratamientos farmacológicos para la osteoporosis y concluyeron que los agentes osteoanabólicos  
son más eficaces para reducir fracturas vertebrales y no vertebrales cuando se utilizan de forma  
secuencial con fármacos antirresortivos, tal y como también respaldan las recomendaciones del  
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National Osteoporosis Guideline Group, que, tras la fractura de cadera, recomienda el uso de  
ácido zoledrónico, ya que ha demostrado la reducción de nuevas fracturas y la mortalidad.  
A pesar de que la mayoría de los estudios mostraron resultados convergentes, sí que se  
evidencian diferencias en poder desvelar la posible influencia de factores como el tiempo de  
seguimiento, en mayor o menor medida con la edad media de los pacientes, el estado de  
fragilidad de los individuos, la posible presencia de deterioro cognitivo y las características de los  
programas de rehabilitación, y de la misma manera, algunos estudios fueron evaluados  
únicamente durante la recuperación en el intervalo de la hospitalización, otros estudios llevaban  
un seguimiento seis meses o un año, lo que justifica una parte de la variabilidad que se observa  
en los indicadores funcionales; por otra parte, la heterogeneidad de las escalas utilizadas para  
evaluar la funcionalidad, como por ejemplo Harris Hip Score, Functional Independence Measure  
o Berg Balance Scale se tradujeron en que no se pudiera realizar comparativas de manera directa.  
Con todo lo anterior, sin ser de menor importancia, a pesar de estas diferencias metodológicas,  
su tendencia parece ser común porque demuestran de forma consistente que las intervenciones  
multidisciplinares mejoran significativamente los resultados clínicos y funcionales.  
Un hallazgo importante de esta revisión fue la recuperación funcional estuvo determinada por  
diversas variables clínicas y organizacionales, además del éxito técnico del procedimiento  
quirúrgico en sí. Los resultados referidos en el capítulo de los resultados mostraron que los  
pacientes en los que se había implementado un abordaje integral que incluía movilización precoz,  
fisioterapia estructurada y un seguimiento multidisciplinar lograban más niveles de  
independencia funcional y una recuperación más rápida de la marcha. La revisión sistemática de  
(33) coinciden con la presente en indicar que los programas de rehabilitación en el marco de la  
actividad clínica multidisciplinaria mejoran la capacidad funcional, la movilidad y las  
probabilidades de regresar a casa frente la atención convencional. Así mismo, estos autores  
hicieron hincapié que existe una correlación positiva entre la recuperación y una recuperación  
sostenida durante los 12 primeros meses de evolución post-fractura, lo cual es mayor cuando  
existe un abordaje adaptado a necesidades individuales de los pacientes.  
Del mismo modo, los resultados obtenidos en esta investigación son coherentes con (34), quienes  
manifestaron que los programas de ejercicios domiciliarios familiarizados con el paciente pueden  
elevar de manera significativa la fuerza muscular, el equilibrio, la velocidad de la marcha y la  
calidad de vida. En la revisión que aquí se presenta también se evidenció que los pacientes  
incluidos en los programas estructurados de rehabilitación reflejaban menor dependencia en la  
realización de actividades básicas de la vida diaria y que llegaban a una recuperación funcional  
más completa. Esta coincidencia hace que la evidencia vaya aumentando y apoye la noción de  
que la rehabilitación debe entenderse como una continuación del abordaje quirúrgico y no como  
un tratamiento independiente, puesto que ambos tratamientos actúan a la par de restablecer la  
funcionalidad del anciano.  
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Centrados en la prevención secundaria, los resultados de esta revisión muestran cómo el  
tratamiento farmacológico de la osteoporosis continúa siendo una intervención escasamente  
implementada a pesar de toda la evidencia disponible con respecto a sus abundantes beneficios.  
Este descubrimiento es coherente con las sugerencias del National Osteoporosis Guideline Group  
(NOGG), que nos hacen hincapié en la necesidad de desarrollar tratamiento antiosteoporótico  
tras la aparición de una fractura por fragilidad para intentar depauperar el riesgo de nuevas  
fracturas. De igual manera, la revisión sistemática difundida por The BMJ indicó que los agentes  
osteoanabólicos, entre los que encontramos a romosozumab y teriparatida, nos aportaron mayor  
reducción del riesgo de fracturas en pacientes con un riesgo muy elevado; por su parte, los  
bisfosfonatos siguen siendo una alternativa muy eficaz y muy accesible para la mayoría de los  
pacientes. La similitud existente entre estos resultados y los compartidos en este artículo  
corroboran que el tratamiento farmacológico se tiene que considerar una parte importante del  
tratamiento integral de las fracturas de cadera y que no puede ser considerado únicamente el  
aumento de la masa ósea mediante un tratamiento.  
En lo que respecta a la prevención de nuevas caídas, los resultados obtenidos en este trabajo han  
señalado que los programas de ejercicio terapéutico, el entrenamiento del equilibrio, la revisión  
farmacológica, la suplementación nutricional y la adecuación del entorno de la vivienda son  
intervenciones eficaces para la disminución de riesgo a futuras fracturas. Estos resultados son  
compatibles con las recomendaciones internacionales de prevención de caídas en ancianos, las  
cuales enfatizan que el abordaje tiene que ser tanto multifactorial como individualizado. La  
combinación de condiciones de ejercicio físico, la evaluación del riesgo medioambiental y la  
revisión de medicaciones potencialmente inapropiadas reduce notablemente la ocurrencia de  
caídas. Es un hallazgo análogo al descrito por (34), el cual se demuestra que en ancianos con  
historia de fracturas originadas por fragilidad se reducen las caídas. La similitud entre ambos  
estudios hace que la prevención de caídas se pueda implantar desde el ingreso en el hospital y  
continuar durante el seguimiento ambulatorio.  
Otro aspecto importante que fue examinado en la revisión es el que la fragilidad geriátrica y la  
comorbilidad múltiple condicionan el pronóstico del paciente. Los resultados de esta review  
reflejaban que la mayor edad, el deterioro cognitivo, la sarcopenia, la enfermedad cardiovascular,  
la diabetes mellitus o la insuficiencia renal crónica aumentaban el riesgo de complicaciones tras  
una cirugía y limitaban la recuperación funcional. Estos resultados se corresponden con muchos  
estudios observacionales que explican la fragilidad como uno de los principales factores  
pronósticos de mortalidad y dependencia funcional tras una fractura de cadera. Elaborando a  
partir de los resultados, la valoración geriátrica integral tiene que representar un papel clave para  
identificar estos factores de riesgo a tiempo y establecer un tratamiento individualizado  
orientado a mejorar el pronóstico funcional.  
Pese a la gran consistencia de la evidencia analizada, la presente revisión puso de manifiesto  
algunas limitaciones de la literatura presente. En primer lugar, se dio una marcadísima  
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heterogeneidad entre los estudios, en cuanto al diseño metodológico, a las características de la  
muestra, al seguimiento y a las escalas utilizadas para valorar la recuperación funcional, lo que  
imposibilitó la comparación directa entre los trabajos. En segundo lugar, la mayoría de los  
estudios corresponden a países de altos ingresos, donde los recursos sanitarios, la disponibilidad  
de unidades ortogeriátricas, así como la posibilidad de acceso a programas de rehabilitación  
especializados, presentan grandes diferencias respecto a los sistemas de salud de los países de  
ingresos medios y bajos. Esto limita parcialmente la posibilidad de extrapolar los resultados a  
otros contextos asistenciales.  
De igual forma, se observó una baja disponibilidad de estudios en América Latina y en Ecuador,  
en particular, en relación con la circulación de personas mayores con fractura de cadera en este  
contexto. Esta falta de evidencia regional nos revela la necesidad de llevar a cabo estudios  
multicéntricos que valoren la efectividad de los modelos ortogeriátricos teniendo en cuenta las  
características epidemiológicas, económicas y organizativas de los sistemas sanitarios  
latinoamericanos. La producción de evidencia local facilitaría la mejor toma de decisiones clínicas  
y enriquecería el diseño de políticas públicas a favor del envejecimiento saludable y de la  
prevención de fracturas por fragilidad.  
Los resultados que se desprenden desde el punto de vista clínico, respaldan en la idea de  
implementar protocolos clínicos estandarizados que integren cirugía temprana, atención  
ortogeriátrica, pronta rehabilitación, tratamiento farmacológico de la osteoporosis y programas  
de prevención de caídas. La aplicación de estas intervenciones conjuntamente mejora la  
recuperación funcional, disminuye las complicaciones y reduce la mortalidad, lo que contribuye  
de este modo a optimizar el uso de los recursos sanitarios y reducir los costes debidos a  
discapacidad permanente.  
Por consiguiente, los fundamentos científicos llevan a la idea de que la evolución del manejo de  
las fracturas de cadera viene determinada por el paso a un modelo de atención interdisciplinario  
y centrado en el paciente. Los resultados que se han obtenido en esta revisión son ampliamente  
consistentes con las revisiones sistemáticas y metaanálisis y guías internacionales más recientes,  
lo que refuerza la validez de las conclusiones obtenidas hasta este momento. Así pues, el  
tratamiento de la fractura de cadera en personas mayores debe ser considerado un proceso  
continuado que comienza con su estabilización clínica y con una cirugía oportuna, seguido de una  
rehabilitación funcional intensa, y finalizando con la prevención secundaria de una nueva fractura  
y la promoción de un envejecimiento saludable.  
CONCLUSIONES  
En base a la evidencia científica analizada a lo largo de la revisión se concluyó que el tratamiento  
actual de las fracturas de cadera en las personas mayores debe sustentarse en un abordaje  
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integral, multidisciplinario y la combinación de: 1) cirugía temprana; 2) atención ortogeriátrica, 3)  
rehabilitación temprana y 4) tratamiento farmacológico de la osteoporosis. La combinación de  
estas modalidades de intervención demostró unos mejores resultados clínicos y funcionales que  
el modelo tradicional de atención brindado en las fracturas de cadera; en conjunto, reducen la  
mortalidad, disminuyen las complicaciones postoperatorias, disminuyen la estancia hospitalaria  
y favorecen una recuperación funcional rápida, cumpliendo así el objetivo de actualizar la  
evidencia sobre las estrategias terapéuticas con mayor respaldo científico.  
En relación al proceso de rehabilitación y la recuperación funcional, la revisión demostró que: la  
movilización precoz, los programas estructurados de fisioterapia, el entrenamiento del equilibrio  
y el fortalecimiento muscular son las intervenciones con un mayor nivel de evidencia para la  
recuperación de la marcha, la independencia para las actividades de la vida diaria y la calidad de  
vida de la población anciana. Se encontraron factores que pueden influir de manera negativa en  
la recuperación funcional: la fragilidad, la desnutrición, el deterioro cognitivo y la presencia de  
múltiples comorbilidades, considerándose importante su identificación y tratamiento precoz para  
la optimización del pronóstico.  
Finalmente, la revisión mostró que la prevención secundaria puede considerarse como un pilar  
indispensable del manejo integral de las fracturas de cadera, ya que el tratamiento precoz y  
oportuno de la osteoporosis, la puesta en marcha de programas de prevención de caídas, la  
educación del paciente y el seguimiento por parte de los diferentes profesionales disminuyen el  
riesgo de presentar nuevas fracturas y fomentan un envejecimiento saludable; no obstante,  
también se encontró una cantidad poco considerable de estudios realizados en América Latina,  
sobre todo en Ecuador, indicando la necesidad de fortalecer la investigación en la región con el  
objetivo de adaptar las recomendaciones internacionales a la etiología y características  
epidemiológicas y organizativas de los sistemas de salud de los países latinoamericanos.  
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